La Conducta Alimentaria: un Problema en Auge

Los trastornos de la conducta alimentaria son un conjunto de alteraciones graves relacionadas con la ingesta de comida cuyo origen se encuentra en múltiples factores. Es un problema de salud mental que puede llegar a poner en peligro la vida de quien lo sufre, que requiere de apoyo y tratamiento y que es importante prevenir sobre todo en la población más joven. Hablamos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) para referirnos a un conjunto de alteraciones graves relacionadas con: restricción prolongada de comida, atracones, obsesión por el peso y la imagen corporal, pérdida de peso… asociadas a determinadas anomalías psicológicas, como un elevado nivel de perfeccionismo, impulsividad, baja autoestima, insatisfacción con la imagen corporal, etc. Se trata de un problema de salud mental que aparece con más frecuencia en la adolescencia debido a la mayor vulnerabilidad que presentamos las personas en esta etapa de la vida, en la que se está formando nuestra identidad y se producen cambios corporales importantes. La incidencia es mayor en mujeres. Estos trastornos no son únicamente un signo de problemas con la comida, sino que reflejan la manera en que algunas personas afrontan su vida, siendo la ingesta del alimento la única vía por la que pueden ejercer algún control ante situaciones y emociones que no dominan y la forma en que pueden calmar su ansiedad. Desde hace años se considera los TCA como un fenómeno cuya causa se encuentra en múltiples factores, siendo el resultado de la interacción de aspectos psicológicos, familiares, biológicos y socioculturales (entre ellos el “canon de belleza” en la sociedad actual y la presión social por ajustarse a él). Cada persona tiene una historia particular, una forma de entender la vida, de enfrentarse a los problemas, de resolver los conflictos y, por supuesto, tiene una opinión sobre sí misma que en ocasiones puede no ser satisfactoria. La forma y el momento particular en que cada persona vive, siente, asimila o interioriza estas situaciones contribuyen, entre otros factores, a que padezca uno de estos trastornos o no. Desde las familias y los colegios debemos de educar en la prevención de este tipo de problemas, por ejemplo, no emitiendo opiniones ante cuerpos diferentes, respetando las características de cada persona, el dialogo es fundamental, insistir en la práctica de deportes o realizar actividades de movimientos, hábitos de alimentación saludables y si hay algún indicio del problema, buscar ayuda especializada y profesional para que el pronostico del caso sea lo más favorable.

Luisina Daives. Psicóloga de Amadem

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